Y así al final me quedaré dormido, pero antes alcanzaré a preguntarme (…) si seremos capaces de alcanzar la reconciliación con todo lo que haya quedado vivo frente a nosotros.
Tendríamos que ser como Luis, no ya seguirlo sino ser como él, dejar atrás inapelablemente el odio y la venganza, mirar al enemigo como lo mira Luis, con una implacable magnanimidad (…) un juez que empieza por ser el acusado y el testigo y que no juzga, que simplemente separa las tierras de las aguas para que al fin, alguna vez, nazca una patria de hombres en un amanecer tembloroso, a orillas de un tiempo más limpio.